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CRÍTICA / Aventura haendeliana


Madrid. Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias. 16-XII-2017. Handel Oratorio Choir. Coro de Niños de la Capilla Real de Madrid. Orquesta de la Capilla Real de Madrid. Inma Férez, soprano. Fran Braojos, tenor. Director: Óscar Gersehnsohn. Fragmentos de El Mesías, Esther, Oda a la Reina Mary, Oda a Santa Cecilia, El festín de Alejandro y de anthems.

Arturo Reverter

Ha nacido la Handel Oratorio Society, que viene de la mano del director argentino Óscar Gersehnsohn, responsable artístico de la Capilla Real de Madrid (recordemos su integral de las cantatas de Bach en las iglesias madrileñas), y de Alfredo Flórez, francotirador, director de la Sociedad Coral de Madrid, que se plantean nada menos, sin que cuenten de momento con ayudas económicas, afrontar la integral de los oratorios sacros haendelianos a lo largo de los próximos años.

En este acto inaugural se presentaba el nuevo coro surgido de la iniciativa, el Handel Oratorio Choir, constituido por cerca de cuarenta miembros que, con solamente ocho ensayos, se han lanzado al ruedo bajo el mando de Gersehnsohn, músico de amplio y decidido gesto, no siempre del todo definido, pero eficaz en su movimiento pendular y en su acalorado manoteo. Sonaron con aplomo los treinta miembros del Coro de Niños y los dieciséis de la orquesta de época de la Capilla Real, pasajeramente sepultados por las voces en la reverberante acústica. Pero el espectro sonoro, oscuro y matizado, es atractivo.

Los dos solistas vocales, de estilo cuidado, fueron la soprano lírico-ligera Inma Férez, de timbre penetrante y limpia emisión, a veces en exceso fija, y el tenor ligero Fran Braojos, musical y entonado, pero de emisión velada y con frecuencia nasal. Destacaron en lo instrumental el violonchelista Guillermo Martínez, de cálido sonido, la oboísta Pepa Megina, de hermosos reflejos cuando pudo oírsela, y la trompetista natural Kaitlin Wild. El grupo coral anduvo algo espeso en Behold, Darius great and good de Alexander’s Feast. En el anthem Zadok, the priest faltó precisión en la cuerda y en el titulado Upon thy right hand, seguridad en los ataques del coro, que, impulsado por la vehemente mano rectora, cantó con afinación y temple An the Glory of the Lord shall be revealed de El Mesías. Se cerró la velada con una febril y contundente interpretación del ¡Aleluya! de este conocido oratorio, en donde los timbres orquestales no sobresalieron adecuadamente, incluidos los de las dos trompetas. Los niños cantaron con suficiente conjunción. Antes de cada una de las tres partes y en alguna que otra oportunidad, Gersehnsohn, se dirigió al público con explicaciones algo chuscas pero muy celebradas. Naturalmente, se bisó el ¡Aleluya!