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CRÍTICA / Apostando por la juventud


Córdoba. Gran Teatro. 07-IV-2017. Orquesta Joven de Córdoba (OJC) y Orquesta de Córdoba (OC). Director: Lorenzo Ramos. Obras de Gustav Mahler.

José Antonio Cantón

Dentro de la programación general de la presente temporada de la OC, el montaje e interpretación de la Sinfonía "Titán" de Mahler ha sido el proyecto más complejo, trascendente y ambicioso junto con la Novena sinfonía de Beethoven, que interpretó en el trigésimo aniversario del Teatro Villamarta de Jerez, al que fue invitada en el pasado otoño. El maestro Lorenzo Ramos ha contado para esta ocasión con el complemento de plantilla aportado por la OJC, adquiriendo así este concierto una dimensión pedagógica que seguramente ha sido una de sus principales intenciones. 

La primera creación sinfónica de Mahler tiene un sustrato programático que obliga a un gran esfuerzo en su montaje, más allá del seguimiento y reproducción de la música escrita en sus pentagramas, lo que la convierte en una obra que exige una sustantiva preparación intelectual y técnica en el director que se proponga construirla. El titular de la OC se la ha planteado consciente de ello, como se ha podido comprobar en los resultados obtenidos en este concierto en el que la profesionalidad de los profesores de la OC se ha fundido con el entusiasmo de los jóvenes instrumentistas de la OJC generando una sensación unívoca de instrumento, absolutamente fundamental para el reto que supone siempre, hasta para las más prestigiosas formaciones orquestales, aproximarse al sinfonismo mahleriano con una mínima garantía de musicalidad.

Lorenzo Ramos abordó el primer movimiento con efectiva determinación, haciendo énfasis en su carácter vital, que describe con agradables sones la aurora, la primavera y el despertar del amor juvenil. En su coda apuntó ya el apoteósico final de la obra. Como ocurre en la mayoría de las veces que se interpreta esta sinfonía, prescindió del segundo movimiento, Blumine, sustituyéndolo por el tercero en el que acentuó el carácter popular de su temática haciendo una elocuente pausa antes de afrontar el pesar y la tristeza que contiene el siguiente movimiento, que Mahler entendía como "el lamento de un corazón profundamente herido, precedido por la opresión de la cadavérica sensación de una marcha fúnebre". 

A partir del intenso inicio del último, supo contrastar sus dos temas, especialmente destacando el anhelante lirismo del segundo para, después de una eficaz conducción de su desarrollo, alcanzar el fortissimo final en el que transmitió un sentimiento de afirmativo gozo que el público supo percibir, como quedó patente con su cerrado aplauso, respuesta que vino a refrendar el positivo resultado que ha significado apostar por la preparación y el entusiasmo que ofrece la OJC puestos al servicio de una obra del gran repertorio sinfónico, apuntando a próximas colaboraciones con miras a enriquecer las futuras programaciones de la Orquesta de Córdoba.