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CRÍTICA / Alicante: estreno de "Tres pasiones de mujer"


Alicante. Sala de Cámara del Auditorio de la Diputación de Alicante. 06-X-2018. Ruth González, soprano y actriz. Albert Nieto, piano. Obras de Fernando Lázaro, David del Puerto, Richard Strauss y José Luis Turina.

José Antonio Cantón

La soprano Ruth González y el pianista Albert Nieto han estrenado en el ADDA un espectáculo titulado "Tres pasiones de mujer" en el que se ha abierto un nuevo ámbito expresivo de la voz y el piano en otra dimensión estética, más allá de los conocidos y concretos límites del género liederístico. Para ello, han contado con el atractivo de tres personajes femeninos arquetípicos como son Carmen, gran mito literario y operístico, Amália Rodrigues, la gran señora del fado portugués y la perversa Salomé que, en su pasión por Jokaanan que la rechazó, pidió su cabeza para satisfacer su deseo de besar su boca. Para esta ocasión, los intérpretes han contado con el estreno absoluto de tres composiciones expresamente escritas para este montaje por —siguiendo el orden del espectáculo—David del Puerto (Carmen, delirio en sombras), Fernando Lázaro (Amália, esplendor do fado) y José Luis Turina (Salomé, cáliz vacío), a las que se unía una de las canciones más hermosos que escribiera Richard Strauss, Allersselen, que sirvió de alguna manera como nexo entre las dos primeras y tercera a modo de un reencuentro con el mejor lied.

Previa una obligada mención especial a Montserrat Caballé por parte de Albert Nieto ante la noticia de su muerte, el primer cuadro exponía la figura literaria y operística de la fatal Carmen, siendo reflejado instrumentalmente por un piano denso en sonido y en dificultad técnica que, fundiéndose con la voz, plasmaba la personalidad de la cigarrera en su deseo de superar la cosificación a la que se veía sometida por su fogoso y atractivo carácter así como por su esplendente belleza. Esa rebelión fue excelentemente dramatizada por Ruth González, que supo captar la desgarradora musicalización de David del Puerto transmitida con momentos de elocuente tensión sonora que implementaba el excelente aporte melismático de la cantante, cualidad que supo mantener con eficacia canora a lo largo de todo el espectáculo.

Fernando Lázaro, experimentado "hilvanador" de sonido y acción, se ha identificado plenamente con las esencias trágicas del fado en su obra dedicada a recordar a la gran intérprete de este género de canto lusitano, Amália Rodrigues, apasionadamente convencida de la música de uno de sus más grandes compositores como fue el portugués Alain Robert Oulman, por quien tuvo que interceder cuando fue detenido y posteriormente deportado por su origen judío e ideas políticas en la Portugal anterior a la Revolución de los Claveles. Ruth González se metió en el personaje hasta llegar a la máxima entrega en la parte final de la obra, donde su canto expresaba una especie de liberación emocional de Amália inmersa en unas repetidas quejas que dejaban una sensación dolorosa en el espectador, sentimiento auspiciado también por la letra del texto escrito por Gemma Membrives.

La soprano, haciendo de su canto una caricia, se sentó informalmente junto al pianista en la interpretación de tan precioso lied como es Allersselen de Richard Strauss. Basado en un poema de Hermann von Gilm, parecía como si se hubiera retraído el tiempo haciendo recordar el momento en el que el compositor acompañó en esta obra a su esposa Pauline, que siempre tuvo esta canción como una de sus favoritas. La intensidad emocional experimentada en las obras anteriores quedó como diluida ante el efusivo lirismo de esta magistral pieza de Strauss.

Este iba volver a estar presente en la composición que cerraba el concierto con la obra que José Luis Turina ha dedicado a Salomé, personaje crucial en el pensamiento literario de Oscar Wilde y en el repertorio lírico del gran operista bávaro. Como si se tratara de un impetuoso rush final, la cantante encarnó a la princesa edomita con tal grado de pasión, que se pudo percibir en su voz y en sus gestos todo el erotismo, boato y morbosidad de este personaje femenino lleno de perversa pasión. Distintas células motívicas extraídas de la homónima ópera de Strauss aparecían como reflejos de un discurso que ha sabido equilibrar musicalmente la intertextualidad de la obra, en la que aparecen pasajes poéticos de la uruguaya Delmira Agustini, así como citas a Oscar Wilde y al propio Richard Strauss.

Se cerraba así la propuesta escénica de un concierto bien pensado en la forma con sus tres escenas, que incluyen reflexiones y diálogos entre los dos intérpretes, de relevante contenido musical, propiciándose con él la creación contemporánea, y de gran atractivo para el espectador, por el mensaje que transmite de liberación para la mujer. Intenciones todas ellas conseguidas por este dúo que, en su acción, ha sabido amalgamar música, canto y drama en un todo coherente de sentido y belleza en su factura. 

Hay que felicitar a la dirección artística del ADDA por estimular la nueva composición, como se ha podido disfrutar en este concierto, primero de un ciclo de catorce en el que el piano tiene especial protagonismo, sirviendo también de inicio de una serie de citas con la música contemporánea dentro de la temporada.

(Foto: Basilio Martínez)