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CRÍTICA / Admirado y deseado programa


Murcia. Auditorio Víctor Villegas. 10-III-2017. Gabriela Montero, piano. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Gabriela Montero (piano). Directora: Virginia Martínez. Obras de Chaikovski y Rachmaninov.

José Antonio Cantón

La actuación por vez primera en Murcia de la afamada pianista venezolana Gabriela Montero atrajo a numeroso público, especialmente joven, al quinto concierto de la vigésima temporada de la OSRM, cuya dirección titular desempeña desde el año 2012 la molinense Virginia Martínez, poseedora de gran inquietud artística y sólida formación que la llevan a crecer constantemente en su currículo. Ambas intérpretes han conjugado un certero tándem en la versión que ofrecieron del Concierto para piano y orquesta nº 1 en Si bemol menor op. 23 de Piotr I. Chaikovski, en el que la solista polarizó la atención del auditorio de manera absolutamente determinante. 

En Gabriela Montero se da una extraordinaria combinación de habilidades físicas y mentales propias de todo gran pianista: musicalidad innata,  superior virtuosismo técnico, espectral conocimiento estilístico, espontáneo sentido polifónico, natural concepto del tempo, prodigiosa memoria, instantaneidad de lectura, transparencia de sonido, capacidad de exploración, sentimiento y poder de comunicación. Todos estos requisitos pueden quedar sustanciados y resumidos en su portentosa suficiencia de improvisación, talento poco frecuente y escasamente cultivado por los intérpretes. Esta cualidad artística iluminó a un público que, pese a que daba por hecho pudiera ofrecer esta faceta al final de su actuación, quedó sorprendido por la asombrosa riqueza expresada partiendo de cuatro notas que le tarareó un espectador.

Fueron diez minutos antológicos en los que demostró un conocimiento absoluto de la armonía para explorar con ella desde distintos estilos, que fueron desde el contrapunto mejor fugado, hasta un melodismo sustancial que le llevó finalmente al juego sincopado que propone el más fino ragtime imaginable, dejando la sensación de un momento único e irrepetible de experiencia musical para ella misma y los espectadores. Antes sustanció el famoso concierto de Chaikovski con tal potencia de recreación que sorprendía en cada pasaje descubriendo modos nuevos de entender desde dentro el arrebatador discurso de esta obra. El público quedó esperando que hubiera continuado ad infinitum su actuación dada la verdad, bondad y belleza de su existencial musicalidad.

La segunda parte de la velada estuvo dedicada a la extensa Sinfonía nº 2 en Mi menor op. 27 de Sergei Rachmaninov, la más popular de su repertorio por su alto contenido romántico, especialmente su segundo y tercer movimientos, donde aparece con más nitidez la voz propia y característica imaginación melódica del compositor. Virginia Martínez supo sacar la mayor tensión interpretativa a sus músicos en los trepidantes principio y final del segundo movimiento, inyectando emoción al central pasaje fugado de la cuerda y sentido coral al metal antes de volver a la vitalidad del primer tema y la consecuente culminación. El momento de mayor esplendor lo tuvo en el Adagio donde destacó su preciosa textura polifónica. La construcción del Allegro final estuvo marcada por hacer patente el colorido y el lirismo que puede ofrecer esta orquesta que devino en un esplendente enérgico final, concluyendo con brillantez una velada dedicada a dos singulares obras del gran repertorio orquestal ruso que, desde siempre, es muy deseado y admirado por el melómano público de Murcia.