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Antonio José protagoniza la entrega de los premios “Derechos Humanos 2018”


Madrid. Auditorio Caja de Música del Palacio de Cibeles. 13-XII-2018. Adriana Viñuela, soprano. Elisa Rapado, piano. Obras de Antonio José y María Rodrigo.

Nacho Castellanos

Teniendo su origen en los albores de la transición española, la Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE) entregó el pasado jueves 13 de diciembre sus particulares premios "Derechos Humanos" 2018, en los que se galardonan a personas o entidades cuya lucha por sus principios morales consigue hacer pequeños cambios hacia un mundo más igualitario.

Con la Declaración Universal de Derechos Humanos como decálogo, el evento no solo pretende laurear la labor de los premiados, sino hacer visible realidades de injusticia social a colectivos vulnerables que pueden darse incluso en territorio nacional. Es una clara recompensa al trabajo realizado, pero también una llamada de atención para que no olvidemos todo el trabajo que todavía nos queda por hacer como sociedad.

El Auditorio Caja de Música del Palacio de Cibeles se transformó en un mágico baúl repleto de maravillosas iniciativas, alguna que otra lágrima, pero a rebosar de una esperanza contagiosa que te hacía salir de ahí con las ganas de intentar cambiar el mundo con tus propias manos.

El actor Carlos Olalla realizó un magnífico papel como maestro de ceremonias, algo bastante complejo debido a que la emoción en carne viva que supone escuchar a muchos de los premiados, supervivientes, víctimas…, es difícil de gestionar entre premio y premio. Tras el emblemático discurso de Hernán Hormazábal, director de la APDHE, Mauricio Valiente, teniente de alcalde y concejal del Ayuntamiento de Madrid, le entregó a Proactiva Open Arms  el premio de “Categoría Nacional” por sus labores de rescate en las aguas del Mediterráneo.

La “Categoría Internacional” sería presentada por Carlos Castresana, que ofreció un discurso digno de alabanza por el mismísimo Quintiliano en el que sus habilidades en retórica y oratoria conseguirían explicar el desarrollo del proceso de paz en el territorio colombiano de una forma sublime. Patricia Linares, presidenta de la Jurisdicción Especial para la Paz, Francisco de Roux, fundador y director del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio y Luz Marina Monzón, directora de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, fueron los premiados de esta categoría por su labor en la conocida “Comisión de la verdad” colombiana.

Por último y en lo que respecta a la “Categoría Periodismo”, la periodista y activista Helena Maleno recibiría este premio a manos del director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, por su labor de crítica de las políticas migratorias entre la Unión Europea y los gobiernos africanos, centrándose sobre todo en la costa marroquí.

Tras darse por finalizada la entrega, comenzó el homenaje musical de la velada dedicado al músico burgalés Antonio José Martínez Palacios. Asesinado el 9 de octubre de 1936 por el bando nacional en Estépar (Burgos), y cuya música permanecería escondida en un baúl que se mantuvo cuarenta años enterrado en la casa familiar de Villatoro.

La segunda homenajeada de la noche tuvo más dicha que el pobre Antonio José, y pese a encontrarse en el exilio, María Rodrigo y su música no sucumbieron al silencio de la dictadura, algo que por desgracia sí que ocurriría con el músico burgalés. De entre las obras de este —muchas de ellas bañadas en ese neopopularismo de Falla o Guridi que en aquella época y para el 27 musical ya eran vanguardias demodé— cabe destacar su bien conocida Sonata para guitarra, compuesta para su amigo, el guitarrista Regino Sainz de la Maza. Este, guardaría en su biblioteca personal las partituras de la sonata hasta finales de los años setenta, cuando decidirá dársela a su alumno aventajado, el guitarrista cubano Ricardo Ignaola para que resucitase la figura de Antonio José en este instrumento. Hoy en día la sonata de Antonio José se encuentra entre las tres sonatas para guitarra más interpretadas, siendo ilógico ya que la figura del músico todavía está silenciada a los ojos del patrimonio cultural nacional. ¿Cómo es posible que un músico del que el mismo Ravel denomino como la gran promesa de la música española permanezca todavía para muchos en el silencio divulgativo más extremo?

En este particular homenaje que concedió la APDHE, la música estaría a cargo del tándem formado por la pianista Elisa Rapado y la soprano Adriana Viñuela. Alternando obras expresas para las 88 teclas, junto a otras para voz y piano, Rapado y Viñuela desenmascararon a un compositor que ofrece al oyente aquello que precisa según sus preferencias musicales. Desde unas melodías cantabiles y populares para el oyente más amateur hasta un completo entramado bitonal o politonal que se esconde bajo la aparentemente y simple melodía de la voz.

Con obras como el Rondó EACEA —dedicado a su grupo de amigos: Enrique Salgado, Amalia Salgado, Claudio Elorza, Emiliano Artiz y el propio Antonio José—,  o el intimo y profundo Canto del Dolor—compuesta con escasos 16 años siendo 2018 el centenario de su composición—, Rapado mostró a un Antonio José elocuente en su discurso, con una madurez musical derrochadora pese a que estas obras las compuso antes de cumplir el cuarto de siglo y en donde no hay diferencias entre lo formal y lo azaroso pues es una música que pese a tener estructura sólida, va fluyendo como si estuviese viva. Dentro de ese neopopularismo implícito en la figura de Antonio José, cabe destacar la belleza de los textos con los que trabajaba. Autores como Eduardo Ontañón, con el que trabajaría las Tres canciones para niños que Viñuela interpretó con carisma y gracia, destacando sus aptitudes teatrales que nos trasladaron de la alegría al llanto con un simple movimiento de cejas.

De María Rodrigo se interpretaron sus Ayes sobre textos de María Lejárraga, obra fechada en 1925 y que por tanto, convivió musicalmente con esos años en los que Antonio José, tras abandonar Madrid, viajaría a Málaga para ser maestro en un colegio jesuita, escapándose los veranos a París para aprender de maestros como Ravel o Debussy. No podían faltar en esta velada una Antología del que posiblemente fuese uno de los proyectos más ambiciosos del compositor —sin infravalorar El mozo de mulas—. Inspirado por los trabajos realizados a finales del s.XIX por Federico de Olmeda, Antonio José se pasó años recogiendo melodías populares burgalesas para conformar un cancionero burgalés que más tarde se conocería como el Cancionero de Antonio José.

Sobre estás melodías recogidas tanto por Olmeda como por Antonio José, y bajo la reconstrucción de Palacios Garoz. El dúo Rapado-Viñuela realizaron una interpretación juguetona de estas melodías que siempre recuerdan a canciones que alguna vez escuchaste en tu infancia o tus abuelos te cantaron. No podía faltar como colofón la canción de tema cervantino El Molinero, que finalizó una velada repleta de emociones. Fuertes emociones y alguna que otra lágrima. De esta forma la APDHE apuesta por los compositores bañados en el olvido para recuperar sus derechos, su figura y sobre todo, su música. Esperemos que siguiendo esta costumbre recién nacida, podamos ver en años posteriores cómo compositores en el olvido, como Manuel Font de Anta o el mismo Antonio José, vuelven a ser escuchados y su expresión musical, recupera el derecho que perdió hace mucho…