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Andrés Salado



Andrés Salado

Andrés Salado (Madrid, 1983), director de la Joven Orquesta de Extremadura y de Opus 23, Premio Príncipes de Girona, derrocha pasión en todo lo que dice. Cree en la música, cree en los jóvenes que se acercan a ella sin complejos, a los que le escuchan y a los que enseña, y a los que no se puede defraudar. Y cree en él mismo con una lúcida combinación de inteligencia y crítica, de arrojo y de humildad. Al escucharle se siente el deseo de verle dirigir inmediatamente, como si la mejor explicación de sus palabras, de su teoría, fuera la acción. Es como una bomba feliz dispuesta a estallar de puro gozo.

(...) Hay percusionistas que dicen que el timbalero es como el segundo director.

Yo desde muy jovencito alimenté el contacto desde el timbal con el concertino y con el primer contrabajo: es como el gran triángulo del liderazgo desde dentro de la orquesta. Y desde ahí yo me cogía mis partituras generales e iba mirando lo que hacían los directores pero sin ser consciente de que quería ser director. Siempre lo he dicho: yo nunca he tenido la ambición de ser director de orquesta

Y, entonces, ¿por qué se decide a serlo?

Decido serlo porque Luis Turina, que es el hijo de Jose Luis Turina, el director técnico de la JONDE, me propone allá por 2007 o 2008 ser asistente de la Orquesta Iuventas, la orquesta que llevaba y lleva Rubén Fernández, una orquesta amateur, con gente que estudia en conservatorios pero también gente que se ha dedicado a medicina, arquitectura, y ha dejado su instrumento pero quiere seguir en contacto con la música. Y yo con toda la inconsciencia de un joven digo que sí, que me apetece. Y no tenía ninguna pretensión hasta que me llega esa oportunidad y empiezo a dirigir en ensayos parciales Quinta de Beethoven, Quinta de Chaikovski, Sueño de una noche de verano de Mendelssohn, Reforma de Mendelssohn, ¡Reforma de Mendelssohn! Y, bueno, allí con toda la inconsciencia del mundo empiezo a dirigir y me digo: espera, espera ¿esto qué es? Y aquello es la maravilla de poder modificar el sonido con un gesto. No existe el 1, 2, 3, 4 sino la energía que comunicas. Y eso empieza a meterse como si fuera una droga por tu cuerpo de una forma de la cual eres todavía muy inconsciente. Hasta que un día se me da la oportunidad de dirigir Un americano en París más una obertura de Schubert. Y me doy cuenta de que no hay marcha atrás, de que no existe la marcha atrás. Y, gracias a eso, me hago un vídeo, lo mando a la JONDE en la que entonces enseñaba Lutz Köhler y ahí ya empieza a moverse la cosa. (...)

¿Cada generación necesita su propia lectura de los clásicos?

¡Hombre, por supuesto! Pero no porque la necesite sino porque es inherente a tu propia vida. No olvidemos que la manera en la que te lavas los dientes, desayunas, sales, ves la tele… Todo eso te alimenta como persona. El Whatsapp, Facebook, Twitter, que hoy en día están tan dentro de los artistas y que nos obligan a tener esa especie de sinergias en redes sociales, todo eso alimenta también tu forma de dirigir porque, si no, te conviertes en un muñeco, en un muñeco sin alma y sin corazón. Si la manera en la que te muestras no es la manera en la que diriges, estás siendo completamente incoherente con tu forma de ser, con tu discurso ético, moral y musical. Porque todo está relacionado, los antiguos griegos, la teoría de los afectos donde un do mayor o un mi bemol mayor significan algo… Vives una realidad, que no solamente es tuya sino también del mundo que te rodea. Todo eso afecta a tu profesión y a tu desarrollo como profesional. A no ser que vivas en una especie de halo, en Eslovenia con tu mujer y tu perrito…

Como Carlos Kleiber. Volvemos al cambio del paradigma del director de orquesta.

La profesión de director de orquesta nace realmente en la época de Berlioz, de Liszt, de Mendelssohn y evoluciona hasta esa escuela de grandes directores de comienzos del siglo XX. Toda esa escuela centroeuropea ha alimentado que hoy en día los directores nos fijemos en esas grandes batutas. Pero una cosa muy importante es que cada uno tenga su esencia personal, como Pablo (González) la tiene, como Juanjo (Mena) la tiene, directores que no sean “copias de”. Es uno de los grandes recursos que se han utilizado en las escuelas de dirección, no hablo de ninguna en concreto, pero eso de que “tienes que poner la mano así” y “tienes que dirigir así”… No, oiga, mire usted, es que yo a lo mejor tengo el brazo más corto, o tengo más barriga, o a lo mejor tengo un problema aquí y tengo que adaptarme a ello. La autenticidad dentro de la escuela de dirección es algo que debe alimentar a cada director de orquesta que se forme pero buscando su propio lenguaje en función de su cuerpo.

¿Su repertorio?

Me gusta todo, hasta lo malo muchas veces. Me explico. Hay veces que me digo “vaya truño mas grande, vaya partitura”, y me pongo a estudiarla y siempre le saco algo bueno. Hay cosas que parece que no hay por dónde defenderlas pero hay que saber sacarle la magia, y todo depende del tiempo de estudio, de preparación, y de la seriedad con la que afrontes una partitura muchas veces, y el saber buscar… Me siento muy a gusto con Beethoven. Es un compositor que conecta muy bien con la gente joven, la articulación, la propia escritura, el propio lenguaje que él utiliza entra muy bien en el mundo de los jóvenes que somos revolucionarios y queremos esos sforzati, esos “cuchillos con sangre” de la música de Beethoven. Este año me he atrevido a hacer mi primer Brahms con mi Orquesta Joven de Extremadura, mi primer Wagner con la Obertura y Bacanal de “Tannhäuser” en el primer concierto de temporada con la Orquesta de Extremadura. Ya había dirigido antes Idilio de Sigfrido con Opus 23 y descubrí que había una cierta magia en Wagner que todavía era un poco venenosa para mí pero que me elevaba: espérate unos cuantos añitos Andrés, pensé yo en ese momento. Creo que hay que tener mucho cuidado con el repertorio que eliges cuando eres joven. Hay un alto índice de carreras frustradas, truncadas y estropeadas por la mala elección de repertorio. (...)

Usted suele decir que es un todoterreno.

Es cierto. Acabo de estar con la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña y esta misma semana me voy a Mallorca a hacer El barbero de Sevilla, que es mi primera ópera en foso. Me estoy dando cuenta de que me encanta la lírica, me encanta el contacto con la voz, con el texto. Pero me gusta todo, todo. (...)

Luis Suñén. 

(Extracto de la entrevista publicada en Scherzo nº 319, de junio de 2016)

 

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