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Standard Ibérica


PorPedro Sarmiento - Publicado el 18 Mayo 2010

Una de las herramientas que más se está extendiendo como forma de garantizar la calidad de la educación es la realización de exámenes estandarizados. Es difícil no haber oído hablar del Informe PISA y son muchos los que probablemente conocen los exámenes equivalentes que hacen las Comunidades Autónomas en el sistema de enseñanza obligatoria.
 
En el caso de la música no existen los exámenes estandarizados y es difícil que alguna vez se lleguen a aplicar, pero sí existe una tradición de la estandarización de los planes de estudio, o de los proyectos de centro.
 
Los exámenes estandarizados producen resultados devastadores en la educación. Se aplican probablemente con la mejor de las intenciones, que es garantizar que determinados conocimientos lleguen a todos en igualdad de condiciones, pero acaban convirtiéndose en devoradores de su propia lógica, puesto que los profesores a los que más les acucian estos resultados son los que más acaban descuidando la educación con tal de lograr que sus alumnos pasen el test. Con ese fin, recurren a cualquier tipo de estrategia, educativa o no, que garantice buenos resultados: en los días de exámenes envían a los "torpes" a revisión médica, dedican sus clases al aprendizaje de las técnicas empleadas en los exámenes o ayudan a sus alumnos subrepticiamente para competir con otros compañeros o con otros centros. Al final, uno de los resultados es que el conjunto del sistema educativo da un ejemplo deplorable de comportamiento ético o pragmático y lo que se suponía que era lo más importante, es decir, los alumnos, pasa a ser algo secundario. El resultado de los exámenes es lo que importa y, como en el dicho periodístico de que no dejes que la realidad te estropee una buena noticia, los profesores optan por no dejar que un alumno con dificultades les estropee una buena nota.
 
La estandarización en música es diferente. Si un extraterrestre visitase la tierra, al acercarse a la península ibérica notaría que buena parte de ella se afana en hacer las clases de música de forma muy parecida, con el mismo número de cursos y horas de clase, con las mismas denominaciones y la misma compartimentación del conocimiento por asignaturas como armonía, instrumento, lenguaje musical o historia de la música. Esto que a nosotros nos parece tan normal es verdaderamente raro, y no por que se haga en uno o diez centros, sino porque es un modelo que emulan incluso aquellos centros que por decreto cuentan con la libertad de hacerlo como consideren oportuno.
 
La única razón que puede justifica un panorama tan homogéneo es una estentórea escasez de ideas. El concepto de innovación pedagógica dejó de practicarse en muchos de estos centros, porque hay muchos múscos que piensan que esta es la única forma de hacerlo. Lo que hagan en China, en Estados Unidos, en Inglaterra o en Turquía no sirve para demostrar que hay, sin necesidad de innovar, otra forma de hacer las cosas.