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Teclados de ayer y de hoy




PorBlas Matamoro - Publicado el 03 Febrero 2011

Teclados de ayer y de hoy

El tema eterno de cómo abordar la música del pasado – es decir: cómo resolver algo que fue hecho en un tiempo ajeno al nuestro pero que nos concierne muy íntimamente y tal es el caso privilegiado de la música – se renueva especialmente cuando se decide con qué instrumentos hacerlo. ¿Es legítimo tocar a Fulano o Mengano en unos aparatos que no pudieron conocer? Del otro extremo de la misma pregunta: ¿Es legítimo tocar a Fulano y a Mengano en instrumentos que nos parecen limitados y defectuosos para poder interpretar la música desde una sensibilidad contemporánea?

         Lo digo a propósito de dos grabaciones recientes con obras del barroco y el rococó españoles: Blasco de Nebra en manos de Javier Perianes y el padre Soler en las de Iván Martín. Dos pibes que dan mucho que hablar cuando no nos dejan mudos de admiración. Javier porque parece hacernos oír como inéditas unas partituras que hemos escuchado mil veces, dada la concentración extrema de su toque y su fraseo, que pueblan de nuevo sentido hasta los silencios. Iván porque, contando con un aparato técnico de grandísima expansión y un brillo sonoro deslumbrante, se pone en puntas de pie para bailar a ese cura tan jocundo (estaba por decir cachondo pero me abstengo del sinónimo) y recorrerlo con un delicado demi toucher tal que en los momentos de agilidad puede darnos vértigo.

         Ambos abordan las obras en un teclado moderno, un piano con abundantes posibilidades sonoras que ni Blasco ni Soler pudieron prever. Pero es que tampoco pudieron imaginar cómo seríamos nosotros, los habitantes de este siglo con naves espaciales que llegan a Saturno. Al hacer las cosas con tantísima e imaginativa maestría como estos chicos, todo cuestionamiento conceptual se desvanece y se impone la indiscutible convicción del arte. Por lo demás, en el pianismo español ya hay una vía tradicional en el mismo sentido: Luis Galve, Josep Colom y, última pero no menor, Alicia de Larrocha, por no agotar el castastro. Nada digamos del Scarlatti que, en su momento, rescató un tal Vladimir Horowitz, por hacer un poco de comparatismo. Blasco y Soler, dicen Javier e Iván, son músicos de hoy: todo arte es contemporáneo del momento en que ocurre.

Blas Matamoro